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Breve recorrido por la historia de Aljucer

Esta situación envidiable en el corazón de la huerta murciana hizo que Aljucer tuviera como principal fuente de ingresos la agricultura, actividad que en la actualidad deja paso a otras que favorecen la existencia de una economía más diversificada.

Entre las festividades más representativas de la población están las fiestas patronales, que se celebran en torno al quince de Septiembre, la Semana Santa, con procesiones como la de los huertanos en Jueves Santo, y la Navidad, donde se programan eventos como el del tradicional Auto de Los Reyes Magos que se escenifica cada 6 de Enero.

La población actual (ine 2014) es de 7.759 habitantes de los cuales 3.835 son hombres y 3.904 son mujeres.

Fuente: Región de Murcia Digital

Historia

Noria árabe acequia Mayor “Alquibla”

La actual Aljucer, como cabe deducir por su denominación, surgió en época islámica, constituyendo un lugar muy importante para la distribución de las aguas de regadío de la huerta de Murcia. Ocho acequias menores tomaban aquí el agua de la acequia mayor Alquibla (“Sur” en árabe) o Barreras, construcciones que se dividían entre la margen derecha donde se situaban la Alquibla menor, Aljorabia, Alguazas y Junco, y la izquierda con  Albatel, Batán, Gabaldón y Herrera.

El significado del topónimo  árabe de Aljucer ha sido objeto de controversia entre distintos especialistas, por una parte se ha relacionado con el agua, aunque no faltan estudiosos como Bernal Segura quien afirmó que el nombre Aljucer procedía de al-Yuzur, “Las islas”, ni los que, como Hernández Carrasco, remontan la raíz etimológica del vocablo hacia el término Yuzair, “Puentecillo”, al que se le añadiría el artículo “al” delante, surgiendo Alyuzair, que devendría finalmente en Aljucer.

Aljucer musulmana

La presencia de un puente sobre la acequia Alquibla, en el camino mayor de Murcia a Cartagena y la fertilidad de estas tierras, provocó la progresiva concentración de pobladores hasta conformar un número tan relevante como para construir una pequeña mezquita para proporcionarles servicios religiosos.

Existían pequeños núcleos de población musulmana diseminados por la huerta de Aljucer. Entre ellos se encontraban Rabat Algidit, Albadel o La Alfarraya. Eran pequeñas alquerías (explotaciones agrícolas), cuya estructura y funcionamiento permaneció igual tras pasar a manos cristianas, cambiando solo la denominación.

Aljucer cristiana. Señorío huertano

El reino musulmán de Murcia se convirtió en vasallo de Castilla en 1243, por el Tratado de Alcaraz, siendo definitivamente conquistado en 1266. En estos años se dan los repartimientos de tierras entre los vencedores. Es así como, por vez primera, el nombre de Aljucer apareció en un documento. Fue en los Repartimientos de Murcia, de 1272 y 1275.

El primer señor jurisdiccional de Aljucer fue Gonzalo Pagán Riquelme, esposo de Constanza Monreal Fajardo. Ésta recibió Aljucer por herencia compartida con la familia Ayala, linaje nobiliario de origen vasco, que acabaría detentando el señorío.

Los huertanos construían sus barracas alrededor de las llamadas casas-torre, edificios de dos plantas, rematados por un campanario o mirador. En caso de incursión musulmana desde la costa o desde el reino nazarí de Granada, los jornaleros y sus familias buscaban refugio en estas construcciones.

Algunas de ellas han llegado a la actualidad y su nombre se debe a los propietarios de las tierras circundantes. En Aljucer destacan: Torrehidalgo, Torre Elena, Torresalinas, Torre don Miguel, Torre de los Alburquerques y Torre Poyo.

De señorío a lugar de realengo

Diversas familias nobles adquirieron tierras en Aljucer, es el caso de los Balibrea, Lázaro, Poyo, Fajardo, Marqueses de Torre Pacheco, Condes de Campillo, Condes de Heredia Espínola, Condes de Almodóvar y Duques de Alburquerque.

En 1713 Aljucer pasó a ser lugar de realengo, es decir dependiente de la Corona, con alcalde pedáneo.

En el siglo XVIII se edificó el actual templo parroquial de Nuestra Señora de los Dolores, que desde 1765 pasó a ser parroquia aneja de Santa María de Murcia y que hasta bien avanzado el siglo XIX no constituiría parroquia autónoma.

El “Censo de Floridablanca” (1787) recogió 422 vecinos en Aljucer, lo que equivaldría, considerando que estos primeros recuentos poblacionales solamente contabilizaban a los cabezas de familia,  a unos 2.114 habitantes.

Siglos XIX y XX

Siglo XIX. Independencia municipal

En 1809 la población aljucereña se redujo hasta 376 vecinos. Durante la Guerra de la Independencia, en el lugar de Torre López, las gentes de Aljucer, La Alberca y El Palmar apoyaron a las tropas que derrotaron a los soldados de Napoleón.

En el Trienio Liberal (1820-1823), Aljucer aprovechó las nuevas leyes que favorecían la creación de corporaciones municipales para convertirse en municipio independiente de Murcia. Contaba con una extensión de 385 hectáreas y unos 491 vecinos (1.946 habitantes). Entre 1841-1843 contó con un Juzgado Municipal, pero en esta misma década fue anexionado a El Palmar.

A mediados del XIX, según apuntó Pascual Madoz, existían en Aljucer 450 casas, una escuela de enseñanza elemental incompleta a la que asistían 54 alumnos y dotada con 1.100 reales (pagados por reparto vecinal). Su iglesia era aneja de la parroquia de El Palmar. Sus 218 vecinos (915 habitantes) se dedicaban al minifundio hortofrutícola. También existían dos molinos harineros junto a la acequia de Barreras: uno de una piedra, llamado de Oliver, que ha llegado hasta la actualidad; y otro de dos piedras llamado del Porche, desparecido.

Aljucer en el siglo XX. Modernización y crecimiento

La economía aljucereña siguió centrada en la agricultura tradicional, junto a la que prosperó desde inicios del siglo XX la industria conservera. Aljucer llegó a contar con doce fábricas de conservas. Desde la segunda mitad de la centuria, la agricultura tradicional quedó relegada a un segundo plano, como actividad complementaria y de autoconsumo, frente al empuje de la construcción, la industria manufacturera y los servicios.

En cuanto al número de habitantes, alcanzó su techo demográfico en 1969, con 7.139 habitantes. Desde entonces la cifra osciló entre 5.000 y 6.000. A partir de la década de 1990, se produjo un incremento, actualmente contamos con 7.759 habitantes segun INE 2014.

Entre las zonas de huerta que dan una idea de lo que fue el entorno natural de la ciudad de Murcia hasta la segunda mitad del siglo XX, se encuentra las de los Regadíos del Patio Nuevo, en Rincón de Merino de Aljucer.

La huerta está constituida por pequeñas parcelas de tierra (minifundio), cuyos orígenes se remontan a época romana, si bien son los musulmanes los que, en la Edad Media, transforman radicalmente el paisaje natural de la zona con la introducción del regadío. La zona se encuentra en la actualidad fuertemente afectada por la acción antrópica, cambios en el medio que se añaden a los naturales provocados por los ciclos de sequías e inundaciones del río Segura.

Destacan los cultivos de árboles frutales como los cítricos (limonero y naranjo) y los de hueso duro (melocotonero y albaricoquero). También hay otros árboles característicos como la higuera, la chumbera, la morera o la palmera datilera. Junto a los cauces fluviales destacan álamos, chopos y sauces. En cuanto a las hortalizas y verduras, caben destacar patatas, habas, guisantes, judías, tomates, pimientos, coliflores…

La fauna de la huerta de Murcia está muy en contacto con el hombre, por ser una zona de cultivo intensivo, mereciendo especial atención la riqueza ornitológica que podemos encontrar en la zona de Aljucer: lechuzas, gavilanes, mirlos, verderones, verdecillos, abubillas, golondrinas, vencejos, cigüeñuelas o garzas.

Juan González Moreno (1908-1996)

Entre los nombres del panorama escultórico murciano brilla con luz propia el de Juan González Moreno, autor natural de Aljucer que sería premiado tanto dentro de Murcia como fuera por su extraordinaria labor artística.

Para la imaginería religiosa González Moreno llegó a ser tan requerido como José Capuz o Clemente Campos, escultores y amigos del artista. Dentro de la escultura religiosa perpetuaría los modelos salzillescos, obviando tan sólo los elaborados movimientos y curvas del barroco y añadiendo nuevas tipologías en algunas piezas y modernos tratamientos en la policromía.

Su obra profana abarcaría tanto el realismo de los retratos de bulto redondo como las obras conmemorativas y monumentales, teniendo también una colección de obras de mitología y alegóricas que pueden disfrutarse en museos como el de Bellas Artes de Murcia, lugar al que iría a parar su legado artístico tras su muerte.

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